Errores filosóficos con los que convivimos II

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En nuestra tarea de encontrar una base valida para una filosofía moral que pudiésemos utilizar como guía en nuestra búsqueda de la verdad, revisemos otras críticas que se le hacen a la misma y la forma de encontrar el camino en medio del bosque.

Un argumento en favor de la ética no cognitiva nace del la critica de Hume la cual indica que nuestro conocimiento de la realidad, sin importar que tan preciso sea, no puede establecer por si mismo la autoridad para prescribir juicios u opiniones. Sin embargo, no es el único argumento. Existe otro punto crucial, que tiende a remover la prescripción de juicios de la esfera de la verdad y colocarlos en el reino de las meras opiniones que no son, ni verdaderas ni falsas.

El punto anterior es hecho por el filósofo ingles A. J. Ayer. Su tesis apunta a la teoría de la verdad mediante correspondencia. La verdad existe en nuestra mente cuando lo que pensamos esta en concordancia con la manera como son las cosas. La formulación antigua de esta teoría, declara que, tenemos la verdad en la mano cuando aseveramos que lo que es, es, y lo que no es, no es. Sufrimos de falsedad cuando aseveramos que aquello lo cual es, no es, y lo cual no es, es.

Esta teoría de la correspondencia de la verdad, de la concordancia de la mente con la realidad, obviamente aplica solo a los enunciados descriptivos, aquellos que envuelven oraciones sobre lo que es y lo que no es. Cuando decimos que algo, debe o no debe hacerse, ¿como podemos hacer corresponder estos enunciados con la realidad?, Claramente, de ninguna forma, así que, si la única clase de verdad es la clase definida por la teoría de la verdad mediante correspondencia, los enunciados prescriptivos no pueden ser falsos ni verdaderos.

La posición de Ayer estaría justificada en el sentido de que una prescripción no es ni falsa ni verdadera, solo si existiese una sola clase de verdad, aquella consistente en la concordancia de la mente con la realidad.

Hasta ahora, hemos señalado tres conceptos que apoyan la visión imperante entre los filósofos, así como también en las personas en general, la cual postula que los valores morales y los juicios que se pueden prescribir basados en ellos, son de naturaleza enteramente subjetiva y relativa. Uno, es la identificación que hace Spinoza del bien con aquello que parece bueno para el individuo y que el mismo llama bien porque es directa o inconscientemente deseado por el mismo. El segundo, la critica de Hume a cualquiera que trate de argumentar en favor de una conclusión prescriptiva, sobre la única base del conocimiento de los hechos o de la existencia real de los mismos. Eso no puede hacerse, como correctamente indica Hume. El tercero, es el punto que traen a colación los exponentes de la ética no cognitiva del siglo XX: si la única clase de verdad debe encontrarse en los enunciados descriptivos que se acomodan a como las cosas son realmente, será correcto entonces, excluir los enunciados prescriptivos del reino de lo verdadero o falso.

Aun otro post será necesario para apuntar la sustancia incompleta en estas tres críticas. Con respecto al segundo punto, se hara, llamando la atención a otra relación entre el bien y el deseo, distinta a la considerada por Spinoza, esto implica la distinción entre dos clases de deseos. Con respecto al tercer punto, existe otro tipo de verdad que no requiere la concordancia de la mente con la realidad factual.

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