Ajedrez: cuento Zen

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Un joven quien sufriera una decepción amarga en la vida, se dirigió a un monasterio remoto y dijo al abad: Me encuentro desilusionado con la vida y deseo obtener la iluminación que me libere de estos sufrimientos, pero no tengo la capacidad para focalizarme por largo tiempo en nada. Nunca podré pasar largos años en meditación, estudio y austeridad; en cualquier momento cedo a la tentación y me regreso al mundo de nuevo, por mas doloroso que este me parezca. ¿No existe un camino mas corto para gente como yo? Lo hay dijo el abad, si estas realmente determinado a seguirlo. Dime, ¿que has estudiado, en que te has concentrado la mayor parte de tu vida? En nada en realidad. Soy rico y no tengo que trabajar. Supongo que la única cosa en que estoy realmente interesado es el ajedrez. Paso la mayor parte de mi tiempo en eso.

El abad pensó por un momento y luego le dijo a su sirviente, llama a tal y cual monje y dile que traiga un tablero de ajedrez y hombres. El monje vino con el tablero y el abad hizo los arreglos. Envió por una espada y la mostró a los dos hombres, diciendo: Oh monje, me has jurado obediencia como tu abad, y ahora la requiero de ti. Jugaras un juego de ajedrez con este joven y si pierdes te cortare la cabeza con esta espada aquí mismo. Pero te prometo que renacerás en el Paraíso. Si tu ganas, cortare la cabeza del joven; el ajedrez es la única cosa a la que se ha dedicado con tesón alguna vez, si pierde, merece perder la cabeza por ello. Los dos hombres miraron la cara del abad, solo para darse cuenta de que hablaba en serio: el cortaría la cabeza del perdedor.

Empezaron a jugar. En la apertura, el joven sentía el sudor que le bajaba por el cuello hasta sus talones ya que se estaba jugando la vida. El tablero de ajedrez se convirtió en todo su mundo; estaba concentrado enteramente en el. Al principio el llevo la peor parte, pero luego en el medio juego, el otro hizo una movida en falso y el aprovecho la oportunidad para lanzar un poderoso ataque. La posición de su oponente se derrumbaba, el le miro de reojo y observo una expresión de sinceridad e inteligencia pulida con años de austeridad y esfuerzo. El joven pensó en su propia e insignificante vida y una oleada de compasión le invadió repentinamente. Deliberadamente comenzó a cometer un error tras otro, arruinando su posición y quedando completamente indefenso.

De manera abrupta el abad pateo el tablero. Los dos contendientes le miraron estupefactos. No hay ni ganador ni perdedor, dijo el abad lentamente, no hay cabeza que cortar aquí. Solo se requieren dos cosas, y se volteo hacia el joven, completa concentración y compasión. Tu has aprendido de las dos el dia de hoy. Estabas completamente concentrado en el juego, pero luego, en esa concentración, pudiste sentir compasión y sacrificaste tu vida por ello. Quédate unos meses y sigue nuestro entrenamiento en este espíritu y alcanzaras la iluminación por seguro. Así lo hizo el joven y la consiguió.

Extraído y traducido al castellano de A First Zen Reader. Compilado y traducido al idioma ingles por Trevor Leggett. Charles E. Tuttle Company. Tokyo. pp. 236.

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2 Responses to Ajedrez: cuento Zen

  1. Ricardo says:

    ¡Qué buen cuento! ¿me lo prestas?

  2. Elijah says:

    Si, si, como no. Enlázalo todo lo que quieras. Saludos.

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