De un montón desordenado de fotografías viejas

William Hogart Autoretrato

William Hogarth, autorretrato, 1745.

Es domingo y un mazo de fotografías viejas yace sobre la mesa de la cocina. Ayer noche, estuvimos esculcando entre ese montón de recuerdos del pasado no tan lejano. Me tropiezo con una foto frente a la Galería Nacional. La elegancia y robustez de las líneas arquitecturales me transporta y siento sobre mi piel la gélida brisa del invierno. Que estáticos parecemos, como se detiene el tiempo en una foto.

A veces las sociedades se detienen así, parece que las estuviésemos mirando tras la lente de una cámara que continuamente dispara su obturador, solo para fotografiar eso, lo detenido, lo que parece inamovible. El status quo es el estado de cosas que parece natural e inevitable, en contraposición con la realidad: construido y en evolución.

Los artistas han tomado una mirada crítica a lo que es normal, tratando de descubrir lo que realmente yace sumergido bajo la capa de lo apropiado y deseable. En su obra, el artista trata de develar creencias o formas de operar que de otra forma son invisibles. Un caso por ejemplo, es el de William Hogarth (1697 – 1764).

William Hogarth satirizo a las clases elevadas de la Inglaterra del siglo dieciocho, en una serie de seis pinturas conocidas por el nombre de Marriage à la Mode (1745), una comedia mezclada con critica y condenación para esa clase. En la segunda de las imágenes conocida como Breakfast Scene (y que no presento pues tiene copyright de la Galería Nacional de Londres) el reloj de pared indica pasadas las 12 del mediodía, pero la pareja se encuentra reunida en la mesa del desayuno (en los Estados Unidos le llaman brunch). Hogarth muestra el aposento, lleno de columnas finamente decoradas, alfombras y otros lujos como símbolos de clase. El esposo presenta un desaliño deplorable, con signos de haberse ido de farra toda la noche. Un cachorrito huele sus bolsillos que muestran ropa interior femenina. La joven esposa se estira después de una noche de cartas. Una silla patas arriba da muestras de una noche un tanto movida. La esposa lanza una mirada suspicaz a su marido, quien no responde. Un vació les separa, y su matrimonio es solo un acuerdo legal. Los cuadros en la pared indican un gusto por las intrigas sexuales, a pesar de la presencia de bustos de carácter religioso. A la izquierda un sirviente tornea sus ojos, mientras sostiene las deudas sin pagar. En una escena primera de esta serie, se muestra al noble y sin un centavo joven para quien se arregla un matrimonio con la hija de un mercader muy rico. El matrimonio arreglado le trae estatus a la novia, quien será conocida como Lady Squanderfield. La serie de pinturas finaliza sin embargo de manera miserable, con infidelidad, escándalo y muerte por duelo.

Estas pinturas fueron convertidas en impresos que circularon profusamente entre la clase media inglesa de la época. Imagino la furibunda pero callada indignación de la clase media inglesa, al observar la realidad en la que vivían y sentir que nunca podrían salir de ella.

Si solo hubiesen tenido la oportunidad que tenemos nosotros hoy dia: de mirar en una fotografía, un segmento de nuestras propias vidas, poder guardarlo y hasta comentar sobre el mismo.

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